sábado, 22 de agosto de 2015

Amablemente

Conocí la milonga "Amablemente" por Melingo, pero sin dudas lejos está de llegar a la versión original de Edmundo Rivero. Su letra, en la cárcel de oro del soneto, es hoy tan políticamente incorrecta que hace que me guste todavía más.

La encontró en el bulín y en otros brazos...
Sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al gavilán: «Puede rajarse;
el hombre no es culpable en estos casos».

Y al encontarse solo con la mina,
pidió las zapatillas y ya listo,
le dijo cual si nada hubiera visto:
«Cebame un par de mates, Catalina».

La mina, jaboneada, le hizo caso
y el varón, saboreándose un buen faso,
la siguió chamuyando de pavadas...

Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.

Poema: Iván Diez.
Música: Edmundo Rivero.




jueves, 20 de agosto de 2015

Fenómeno

Tarde en el centro. Chubascos, grisura, banda sonora en mis oídos. Al llegar a la explanada de la intendencia los colores cambian, hay sonrisas de políticos vestidos a la moda, los conocidos y el reluciente séquito haciendo looby bajo las negras nubes. Se ve alguna cámara. Muy cerca, Sánchez Padilla es retenido de las solapas por un cuidacoches que no lo deja avanzar, sus palabras repiten: "sos un fenómeno".


jueves, 30 de julio de 2015

Salvo


Hoy penetré en el laberinto del Palacio Salvo. Lejos del polizón, la cosa contó con guía y, por supuesto, con algunos turistas.
Mientras ascendíamos una de las señoras del grupo no tardó en preguntarme:
—¿De qué país sos?
No imaginan la cara de decepción que puso cuando le dije que era de Uruguay. Entonces, por cortesía, repetí la pregunta.
—También soy de acá —respondió.
Hablamos entonces como uruguayos, señalamos cierto abandono, la falta de dinero y lo lejos que estamos de ese tiempo de opulencia en la que se construyó el edificio.
—Pero mirá que el pasado no fue todo dictadura —me dijo de pronto.
—Sí, claro, la dictadura fue del 73 al 85 —respondí.
—Ustedes, los jóvenes, creen que en el pasado solo hubo dictadura, y yo viví antes de la dictadura. Y viví muy bien.
La señora se apartó entonces rumbo a una chica rubia con acento portugués y aspecto virginal. Mientras tanto yo pensaba en el desprecio de su planteo, tal vez en el rencor. No me incluí entre esos posibles jóvenes cuyo concepto de pasado obraría casi como sinónimo de dictadura, pero, aún en el error, me quedé pensando sobre la posibilidad de cierta mirada miope y cómoda, de cierto modismo negador del pasado por considerarlo tierra donde únicamente hubo represión.

En la cima, el plomo de la ciudad se desbordaba como nunca. Pensé en Montevideo enfrentándose a su propio espejo.


miércoles, 15 de abril de 2015

Alfonsina

gracias por bramar el fuego
y dejar caer
múltiples hojas buenas
de tus manos a manos nuevas
gracias
gracias por la sonrisa
ese suave equipaje
prólogo a toda partida
viaje que nos devuelve
más hondos
y más simples.


jueves, 12 de febrero de 2015

A lomo del recuerdo

Pocas plantas huelen tan rico como la de tomate. Me toman de la nariz para llevarme a una infancia con dos abuelos en el campo, caminando junto a mí por su vasta quinta, recogiendo algo de la enorme producción hogareña. Pensar que un solo tomate encierra en sí la simiente de tantas vidas, pequeñas plantas multiplicándose para calmar todas las hambres y honrar con su sabor y su color nuestra cocina. En mi patio de apartamento, ya lejos del campo y de la niñez, en mi intento de abonar otras plantas han brotado una docena de tomateras. Triste es saber que no llegarán a dar tomates, no hay sol ni aire ni tierra suficientes. Pero persisten en crecer rumbo a un cielo con claraboya. No darán fruto y quizá ellas también lo sepan, pero hasta la más pequeña de estas plantitas logra arroparse de suficiente perfume, aromas que me transportan a caballo de la memoria. He pensado que parte de su misión está cumplida.


jueves, 14 de agosto de 2014

Tuya Edison

Se le otorga usualmente a Francia la paternidad sobre el cine tal y como lo conocemos en la actualidad. En 1895 los hermanos Lumière hicieron la primera y escandalosa proyección pública de imágenes en movimiento. No obstante, en Estados Unidos, Edison ya había creado lo suyo e intentaba unir su kinetoscopio al fonógrafo, también invento de su autoría ya patentado. Pero ese kinetoscopio (del griego "kineto" —movimiento— y "scopos" —ver—) tenía una gran diferencia con la versión francesa: estaba hecho para el visionado individual, en una máquina que funcionaba a monedas. Se gestó como una atracción, un negocio de momento, desde luego que era difícil imaginar que esa tecnología podría llevar al arribo de un nuevo arte unas pocas décadas después.

Si bien el triunfo fue de los hermanos Lumière, un siglo después el modelo Edison parece ser el vencedor, la lógica de la pantalla individual con todo lo que ello conlleva y con las múltiples utilidades que proporciona.

A continuación las primeras imágenes de Edison, quizás menos difundidas que el inicial trabajo de los hermanos Lumière. Hablan desde la última década del siglo XIX, vaya maravilla.






martes, 15 de julio de 2014

Caído

Ven
alma errante
vestida de pétalos grises
cúbreme cada una de las heridas
sueña un mañana
de aurora en los molinos
muelas quebrando lo que será
acaso
bravura
ojos de ira
espada en el ijar
el velo tuyo
madre
me huele proceloso
nave anclada
partir hacia funestos mares que no olvidan
animula vagula blandula
sana cada una de mis heridas
sueña el regreso
hazme volver.


jueves, 22 de mayo de 2014

Solo

Hay gente que no encaja en este mundo. Allá va el pobre, solo, incomprendido, intentando buscarse en su abismo. De afuera lo señalan, pobrecito paria, sin amigos, frágil, pisando de lejos la tierra.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Oda a las dueñas


Gordas cuchichean en el primer piso.
Dueñas son del lugar.
Controlan cada minuto con peso de oro.
Siempre que se equivocan es a su favor.
Debajo corren niños,
hijos de una clase media con miedo a perder.
Los hay adolescentes,
presos de altas paredes, de santos de yeso y tierra.
Ellas cuentan billetes.
Relojes se pudren en sus lentes.
No saben en qué consiste enseñar,
pero observan que es buen negocio.
Filoso el engranaje untado en sangre.
Atroz la cuerda roja del picaporte.
Siempre en su Olimpo de diosas invictas,
batiendo la falda de los sumisos.


lunes, 3 de febrero de 2014

Letras



ómnibus
largo viaje
mi cuerpo inerte, burgués
el coche en movimiento
la ruta es el río
siempre dispuesto al regreso
ómnibus cubierto de escamas
pequeño pez durmiendo en su adentro
el sueño
es un sueño despierto
en viejas páginas palpitan las letras.


martes, 10 de diciembre de 2013

Lánguidas lanzas


      Siempre que llego estoy pensado en escapar hacia otro lado. Camino rápido, hombre alto y grande, torpe, con los ojos antenas pendientes de seres y objetos, pero ajenos a ellos. Llego y siempre estoy sintiéndome huir, hacia algún lugar, nunca sé bien a dónde, aunque tengo claro que ese lugar que momentáneamente ocupo, no me es afín, no me completa. Camino rápido, torpe, deambulo por pequeños pasillos de gente lenta. Ellos me miran con desconfianza, algunos se apartan para dejarme pasar. Las llaves prontas cuadra antes de llegar a mi casa. Entro en ella como en un vientre, a veces madre, a veces fiera. Hablo poco, el rostro tosco y serio, la voz grave y gesticulante, las sílabas precisas, tal vez gozando la maravilla del idioma. Cumplo cada mandato —exacto— y vuelvo a huir, veloz, hacia ninguna parte. Ellos dicen —o eso huelo— que soy egoísta, frío, sin sentimientos; los que tienen algún afecto dicen que soy discreto, que conocen poco de mí. Tiendo a interesarme poco por los primeros, aunque a veces, hablo de la humedad o del tiempo. He aprendido —aunque a veces lo olvido— que nada es más necesario que lo innecesario para comenzar un diálogo.
         Algo me ha hecho así y no sé si deseo mudar en otro ser, actuar un sentimiento que no tengo. No hay maldad ni uñas afiladas, solo un blasón duro y lánguidas lanzas.
         A veces, en esa lucha diaria de hombre solo en la vasta ciudad, algo me sacude, alguna joven mujer, detrás de un mostrador, presiente mi desdicha, mi semblante agitado, mis ganas de huir, y sostiene una sonrisa salida de libreto, una entonación limpia, una mirada amiga. Ahí me acuerdo de la roca y el hielo, de mi cuerpo corriéndose de la caricia.
       Pese a esto, no vaya usted a creer que soy infeliz en una época en la que —a cualquier precio— uno siempre debe mostrarse feliz. También puedo decir que la alegría circula por mis venas secretas e hirvientes. Esos momentos, escasos pero tan necesarios, en que uno encuentra la justificación perfecta para seguir viviendo.


viernes, 1 de noviembre de 2013

El nieto


Ay las motos cómo pasan, por mi barrio es igual, a veces estás en tu casa (la mía está al fondo del terreno) y igual las escuchás. Acá a media cuadra vive mi hermana, le alquila la casita a Mederos. Yo vengo todos los domingos a visitarla, me tomo este mismo ónibus para la ida y para la vuelta. Me gusta el barrio... yo no puedo comer azúcar porque soy diabética pero me tiene aburrida el edulcorante, así que vengo a la panadería esta de la esquina y sabés que encuentro cosas que no hay en mi barrio. Biscochuelos riquísimos, hoy no me llevo pero casi siempre me vuelvo cargada. No es tan barata pero mi hermana compró en el almacén los mismo mismo y son más caros ahí que en la panadería... ¿Conocés a gente del barrio? La gente acá se conoce poco. Yo conozco a Mary la podóloga, cada tanto me vengo hasta acá porque me encanta como me deja las uñas y no sabés los callos, lisitos, me sale más caro por los sesenta pesos del boleto pero no me importa, más vale gastar un poco más... También conozco a Licha la modista. ¿La conocés? Qué frío... por suerte me traje este vaquero rangler, yo soy de la iglesia evangélica y no me lo dejan usar pero me lo traje igual, hay una humedá. Pero fijate que no siempre me quedó así: en el 2006 estuve en España visitando a mi hijo que vive allá hace 28 años y cuando volví a Uruguay me lo probé y me quedaba muy grande, estaba flaca flaca, toda chupada, no te hacés una idea. Lo guardé como para regalarlo y el otro día cuando quería usar un vaquero porque todo lo que tengo son deportivos, así para caminar, me da por probármelo y fijate que me quedaba regio, le hice el dobladillo y ya empecé a usarlo, calentito, aunque no es tan cómodo para caminar. En este mismo ónibus que va a pasar, en el 2010, cuando me fui a bajar por Garzón cuando todavía la estaban haciendo, me caí y quedé atrás de las ruedas, no arrancó porque se le cruzó un camión sino no contaba el cuento; esa fue la mano de Dios siempre digo. Cuatro hombres me ayudaron a levantar pero estaba toda lastimada, la ropa toda rota y llamé como pude a mi hija y me curaron ahí nomás, no me internaron porque no perdí la conciencia. Me salvé pero quedé con artritis y arteriosclerosis. La voy llevando bastante bien... Mirá... ahí me parece que dobla. A ver... Es sí, mi hija me compró un bastón que era carísimo y cuando subía la escalera se me cruzó el gato y se me cayó, se quebró y le saltó el resorte, lo terminé pegando con la gotita por suerte quedó bastante bien. Ah... ¿vos no vas? Bueno... Yo te lo cuido, ¡si podría ser mi nieto! Que pases lindo nena...

domingo, 8 de septiembre de 2013

Culpa


Acabo de matar un ciempiés. Habitante imperceptible del patio interno de mi apartamento, cesó de existir sembrando culpa en su ejecutor. Era de una arquitectura perfecta, como el elegante torito o la menos elegante cucaracha; arquitectura que jamás podrá igualar ningún hombre. Sigo apenado, necesité de muchos golpes de champión para imponerle el adiós.



lunes, 10 de junio de 2013

Minerva


Dos de la tarde en una conocida librería de Tristán Narvaja. El sabio librero, un empleado y una cliente estaban dentro cuando entré. Comencé a ojear unos libros que recién habían llegado cuando ingresó repentinamente un hombre y preguntó por un autor.
— Ah, lo conozco, es un autor de ciencias económicas, pero no trabajamos ese rubro... — contestó amablemente el librero.
— Swining — prosiguió el hombre.
— Justo de ese tenía algo, pero salió ayer mismo para Minas…
El hombre aventuró un tercer nombre.
— De él sí puede haber algo…
El librero lo invitó a buscar el material junto a su empleado, caminando unos pasos hacia el fondo de la librería.
Por mi parte, me dispuse a seguir consultando, pero antes del minuto veo al hombre acercarse abruptamente e insultar al empleado y al librero recordando a sus respectivas madres. Llegando a la puerta, sentenció:
— ¡Seguro que de Marx tenés una estantería!
Ante el estado de estupor de los cuatro allí presentes, no olvidaré las palabras algo resignadas del longevo librero:
— Este era un país de gente educada... Más todavía, la gente que visitaba las librerías…


sábado, 1 de junio de 2013

sábado, 13 de abril de 2013

El viaje / Luis Camnitzer





Se ha dicho que América se conquistó a espada y cruz. La elección fálica no es circunstancial, representa el poder de la fuerza física y religiosa, culturalmente vinculada a la figura del varón. En “El viaje” Luis Camnitzer parece jugar con esta idea, aunque de una forma que puede calificarse de poco elegante, de cínica, de sarcástica. La complacencia (lo evidencian la mayor parte de las obras presentes en su muestra uruguaya) está en las antípodas de este artista que constantemente busca la provocación de quien observa y analiza. Cualquier sentimiento, menos la indiferencia.

En “El viaje” se recrea al miembro sexual masculino. Se lo hace por triplicado, a partir de objetos que provocan extrañamiento y en una primera instancia despiertan la risa, cuando no el escándalo. Una filosa hoja de cuchilla de la cual penden dos objetos navideños que en Uruguay, inocentemente, llamamos chirimbolos. En cada plateada hoja está inscripto uno de los tres nombres de las carabelas de Colón: “Niña”, “Santa María” y “Pinta”, muy presentes en cualquier uruguayo que haya cursado la escuela y la insistencia de las maestras por retener estos nombres.

La vinculación de la obra con el concepto de reproducción es evidente. Está presente en el propio objeto representado pero también en el color elegido, repetido en la hoja metálica y en los objetos navideños, que entablan lo especular y con ello la duplicación, además de lo espléndido de la oferta (basta pensar en los siempre recordados espejos de colores). Del mismo modo, las esferas navideñas, representantes del cristianismo, se han valido de la fuerza de la espada para diseminar los dones de Dios, la religión de Cristo en esta nueva parte del mundo. Se ha fecundado una nueva raza, a través de una hoja cruel que se ubica en una posición estratégica de combate, con el filo cara al cielo, imagen decisiva para sugerir la violencia de una conquista sangrienta.

En cada navidad —parece vislumbrarse— estamos conmemorando nuestra propia conquista, quizá —sin saberlo— estemos legitimando la matanza y el oprobio, los brillantes espejos de colores a cambio de las riquezas y del alma. En 1991 faltaban escasos meses para los festejos de los cinco siglos de presencia europea en lo que ellos mismos dieron en llamar América. Somos, al mismo tiempo, hijos de Europa, más en nuestra condición de uruguayos. Esas tres carabelas… esa santísima trinidad, esas espadas humeantes. 

 

martes, 2 de abril de 2013

Para dejar picando / 9


" No hay modo, hoy, de dar un paso hacia algo que siquiera remotamente pueda llamarse política si no es tocando ese enorme artefacto que es la industria medios-masa. El carácter estrictamente disuasivo que tiene la masa es el correlato del carácter espectacular hiperrealista que tienen los medios. Los dos han hecho un artefacto perverso, impermeable, hasta el punto en que los medios pueden decir que están dando a la masa lo que la masa quiere y pide. Y tienen razón. La masa, por lo menos en el sentido mediático que esa palabra tiene, nació pagana y pagana va a morir. Eso lo decía Baudrillard en los 70. La masa odia toda forma de trascendencia. Odia toda forma de pensamiento reflexivo. Odia cualquier forma que la conduzca a problematizar sus propias condiciones de existencia. Odia toda forma de conceptualizarse en sujeto, y está contentísima con la alianza que ha hecho con los medios. Hay una especie de máquina infernal que hay que desarmar y si ese artefacto, para ser desensamblado, exige como primer paso eso que se llama "ley de medios", bueno, que sea una ley de medios. Me parece bien una ley de medios. Ahora, no necesariamente tengo que pensar que una ley que proviene de un lugar con respecto al cual tengo también ciertas sospechas y precauciones (el Estado) sea efectivamente algo deseable, pero de todas formas ese algo, aunque no sea deseable, siempre es mejor a que no haya ese algo. Se ha creado un mundo jodido, territorial, posesivo, paranoico, muy erizado. El estado de hipnosis de la masa con relación al ícono, a la imagen de alta definición. La forma que tiene de entregarse pasivamente a la orgía del consumo y después clamar para que el Estado intervenga defendiéndola de los propios excesos. Que pongan guardias de seguridad, que redoblen el personal de la guardia metropolitana, que traigan médicos, sanitaristas y sexólogos. Tenemos una nueva doctrina de la seguridad nacional sin que haya habido un golpe de Estado ni una disolución de las Cámaras. Los que deciden nuestros destinos son los canales privados de televisión y la masa. Para cortar eso se precisa un acto político. Y mejor aún: llamemos acto político a todo acto destinado a desensamblar esa máquina, a todo lo que está destinado a introducir un corte, un antagonismo en la tendencia inercial que tiene la masa a gozar y entregarse pasivamente al cuidado de los expertos ".
Sandino Núñez
                                                                                      

jueves, 10 de enero de 2013

Gato gordo


En barrio que nunca piso
salvo por cuestiones azarosas
ya con mi búsqueda en el bolsillo
llego a una florería
tres plantitas para recibir la primavera
en mi pozo de aire capitalino
el típico de vecinos que chillan y chillan
eso que llamaré hastío
llevo las plantitas hacia el mostrador
con esos colores que animan
pero veo que la cosa viene de veterinaria
en el camino me topo con indecible gato
¿cómo cuantificar la gordura de esta fiera portátil?
sin su mitológica elegancia
ni su sinuosa lujuria
no es más que un animal obeso y castrado
incapaz de recorrer airoso las azoteas
pelear con insectos y gatos taciturnos
consumar un amor bañado en lunas
en su remplazo
vaya maravilla
es premiado con comida y más comida


acaricio contrariado al animal
este me esquiva e ingresa al negocio
yo entro tras él
y es ahí donde encuentro la explicación
grandes bolsas están abiertas
remangadas y rebosantes de pastillas
aquellas que llaman alimento de perro o de gato
para no decir forma fácil de tener mascota
llegando allí nuestro amigo
prueba ocioso la comida
pronto se sacia y vuelve a la puerta

la señora que me cobra
en nada diferente al indecible gato
nada le dice
ni siquiera su empleado festeja mi chiste
igual me voy contento con las plantitas
soñando que en todo el mundo
no hay imagen mejor
que represente a la gula. 


domingo, 16 de diciembre de 2012

Para dejar picando / 8


 el contenido de las obras nunca se decide directamente, en el acto creador, por la observación de la vida real (obras realistas) ni directamente por la exploración de la imaginación real (obras irrealistas) sino siempre, en gran medida, en relación con las obras anteriores del mismo arte: incluso quien intenta filmar la vida o sus propios fantasmas, lo hace siempre, más de lo que piensa, en relación a otras películas, aunque sólo sea porque lo que filma no será, finalmente, un fragmento de vida o un amasijo de fantasmas, sino una película: como el cineasta siempre rueda películas, a menudo rueda un poco las de los demás, creyendo rodar las suyas 

Christian Metz


martes, 20 de noviembre de 2012

El viento en la cara


el viento en la cara
gime su placer
de tenerme dentro

el cabello danza loco
sobre la boca abierta

brazos y piernas extienden
las velas del sueño

como ayer
cuando era niño y había hermanos
y las noches animaban a planear
casas bajas de pueblo

antes
cuando era niño de risas
y quería ser grande.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Pajarera

Cuando me dirigí hacia el fondo del ómnibus para descender, música sonaba en mis oídos. Apreté el botón; iba a ser el primero en bajar. Sentí presión en mis piernas, algo me apretaba. Miré y era un enano de unos seis años, cubierto de una desaliñada túnica. Sin decir nada, solo empujando, ganó su espacio en el escalón. Sus hermanos mayores siguieron la misma línea y les cedí el lugar. Vienen solos —pensé— por eso actúan así. 
Llegamos a la parada, se abrió la puerta y los niños comenzaron a descender. Una mujer, ubicada a mis espaldas, me preguntó si iba a bajar, le contesté que sí y casi agrego con ironía: “los nenes parecen estar apurados”. Ya en la vereda, el niño pequeño fue directo al timbre de una casa y comenzó a tocarlo sin pausas. La mujer que estaba detrás de mí se acercó y le dijo: “dale Martín vamos” y junto a los otros dos se fueron bajando por la calle Amézaga. 
De golpe me crecieron canas, paso cansino y un bigotín. Abrí mis manos cara al cielo y me dije: ¿este es el futuro que nos espera? Niños sin límites, con padres irresponsables y evasivos, ¿no son acaso un problema para el futuro? 
Ya con el aspecto habitual seguí caminando hacia mi casa, pero la calle me siguió diciendo cosas. Pasé por el video club de la señora especial; en su puerta, anticipando la llegada del verano, había vuelto el cartel: “Está terminantemente prohibido ingresar con el torso descubierto. Ni siquiera para devolver una película. No insista. No será atendido”. Siempre creí, Freud mediante, que es de las señoras que sueñan con que un ladrón las persigue con un cuchillo. 
Vi que achicó su negocio y que puso en alquiler la otra parte del local. Se ve que todavía no encontró interesados: observé con pena y sorpresa que había transformado el viejo ventanal en una pajarera para ver desde la calle. ¿A quién se le ocurre hacer de un ventanal una pajarera? Solo faltaba la piedra laja… Uno pasa por la vereda, mira por la ventana y ve a los saltitos a unos tristes pájaros condenados, de color amarillo, que han de ser —lo imagino— la delicia de todas las tardes de mate (he visto que ella se sienta en la vereda con lo que ha quedado de sus padres). Aunque también es posible que no sea más que una exibición para una venta no del todo declarada. 
En estas situaciones diversas, no he dejado de ver dos grandes formas de vida y de valores, el de un Uruguay todavía con resabio inmigrante, con gran preeminencia del concepto de familia y autoridad, y el de un Uruguay sin límites, camino a la desintegración social, ese espejo que tanto nos cuesta enfrentar.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Una siesta (minirelato)

Una siesta. Niños desafiando el descanso adulto. Campo, árboles, pequeñas mojarras en el estanque de las vacas. Los sábados íbamos a lo de nuestros abuelos, allí donde divertirse consistía en perseguir patos o recoger huevos de gallina.

Un recuerdo relampaguea y llega hasta el palo borracho, aquel que juega entre flores y espinas. Una hermana apenas mayor me empuja sobre él.

— ¡Ay! —exclamé.

Ella comenzó a gritar. Abuela se levantó y junto a mamá me llevaron a la canilla con agua del molino.

Mi cabeza había recibido el beso de una espina. Simétrico, coronó el centro de mi frente con el grito de la sangre.

El motor arrancó. Con la mano de abuela sobre mi frente, empuñando un retazo de sábana blanca que iba tiñéndose de rojo, partimos al pueblo.

La sangre persistía. En mi susto presentía el fin pero ¿qué entendía del fin? ¡Toda la culpa la tenía Vanina! ¿Y si me quedaba sin frente? El auto se detuvo. Llegando a la ruta uno, la sangre ocultó su índice de susto. Ellas lo vieron con alegría, y volvimos al campo.

jueves, 25 de octubre de 2012

Crítica y actualidad / algunas interrogantes

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El debate en torno al lugar de la crítica en la actualidad resulta complejo. Me parece que la discusión posee muchas aristas y no puede separarse del conflicto social de las últimas décadas (dictadura incluida) y de la irrupción y hegemonía de los nuevos medios.

En la década del cincuenta que no viví, la prensa escrita tenía un rol rector, para saber era necesario leer, no había otra alternativa. El libro, el diario, el semanario, las revistas, eran las principales formas de construir y difundir conocimiento. Y ese conocimiento seducía, motivaba, tenía valor en sí mismo, aprehenderlo podía ser la ilusa misión de toda una vida. ¿Podemos imaginar hoy, sesenta años después, un mundo sin televisión y sin Internet?

No sé si hay menos crítica en la actualidad. Pienso más en una polarización. Parece claro que no goza de la originalidad de otrora, pero me da la impresión que igualmente es valiosa. Hallo que la fundamental diferencia está en que ha cambiado de ámbito: ya no se ubica en la prensa sino que se concentra en la esfera académica, universitaria, bastante más restringida y menos preocupada por un acceso al gran público.

Al mismo tiempo, a nivel social el rol del crítico se ha desdibujado e incluso, deslegitimado. Quizá en ello pese la mayor visibilidad de los hilos que unen al crítico con intereses económicos, políticos, editoriales. Es probable, también, que sea otro coletazo del rechazo social a la autoridad, a los mayores, a los padres, docentes, al que sabe y dice “así no es” y se lo respeta... Lo que ha sido muy positivo en esto (el cuestionamiento a todo lo canónico) se ha transformado en una incredulidad frente a todo.

En la elaboración de las preguntas para estas jornadas, se omitió en una de ellas al simple lector como parte del público objetivo al que apunta la crítica. Esta omisión involuntaria me pareció sintomática: ¿se puede pensar hoy en día en un lector de crítica literaria que esté por fuera del ambiente literario? ¿Es todavía posible formar lectores desde la crítica?

En el otro polo están los medios hegemónicos (TV, internet, radio). Las opiniones que abundan en estos hace rato han dejado de ser las de autoridades en la materia. Esto lleva a creer que no las hay, lo que es muy peligroso. Me da la sensación que ya no interesa demasiado conocer la voz de los que saben, importa más abrir la opinión a todos, hacer escuchar la voz de los que no han aprendido a callar.

A veces siento que la ignorancia ya no genera vergüenza. La TV pregunta al público su opinión sobre un tema que ellos mismos han contribuido a construir en su contenido de información y en su visaje de opinión. Internet, en un alegato de supuesta expresión, abre la puerta a la impunidad de los comentarios, reproductores, casi siempre, de desinformación y agravios. Por no hablar de las llamadas redes sociales… ¿Para qué escuchar al que sabe si uno tiene prácticamente los mismos medios que él para opinar y la opinión de todos es igualmente válida?

Cualquier reflexión parece cerrar con la misma certeza: la complejidad del fenómeno. Dificultad para comprenderlo y más aún para modificarlo. Debatirlo en serio, cuestionarlo, es al menos un principio.    

* Reflexiones que introdujeron al segundo encuentro de “Perspectivas críticas. Un año después” realizado el 19 de octubre en Café La Diaria de Montevideo.  


martes, 25 de septiembre de 2012

Control


La fábrica como lugar de encierro propio del siglo XIX y XX sigue en parte vigente, aunque con importantes variantes. En el pasado, el humo, el tamaño de la fábrica, la cantidad de sus operarios, representaban el progreso de una sociedad. Eran tiempos de un optimismo que no veía la destrucción de su supuesta construcción, es más, se jactaba de ver en ella su poder y dominio.

El fin del siglo XX y los comienzos del XXI marcan una nueva etapa. La fábrica sigue existiendo, pero la necesidad de fabricar más y más cantidad queda en segundo plano: estamos ante un capitalismo de superproducción. La verdadera búsqueda radica en colocar esos productos a escala global, de la forma más rápida y económica posible. Para ello nada mejor que contar con un aliado: despertar (o directamente crear) necesidades de consumir determinado producto a nivel mundial. La globalización económica, mediática, cumple en ello su principal tarea, al igual que la democratización y diversificación de los créditos financieros a nivel micro y macro.

Gilles Deleuze parte de Foucault y plantea que de la sociedad disciplinaria caracterizada por el encierro (escuela, fábrica, hospital, servicio militar, cárcel) se pasa a las sociedades de control, caracterizadas por un uso más sutil de los instrumentos de dominación. No vemos al opresor, no sabemos quién es el verdadero dueño de la empresa, no podemos ver los anillos que deja la serpiente y así bajamos nuestras defensas. 

Creemos ingenuamente en la libertad, cuando solo la experimentamos escasas veces, casi siempre cuando consumimos, aquel lugar donde se puede lo que se quiere.

No es raro escuchar decir “en mi trabajo no tengo horario” como si fuera una virtud, cuando en el fondo se esconde el estar dispuesto a trabajar a cualquier hora del día. El nuevo orden es empresarial y en nuestro caso, foráneo. En la fábrica todo parecía más predecible, uno cumplía su mecánico horario y podía retirarse hasta el día siguiente.

Concluye Deleuze: “más que de hombre encerrado deberíamos hablar de hombre endeudado”. Y junto a esa realidad de la que solo parcialmente podemos estar al margen (la voluntad lo es todo) reafirmamos, junto a Quino, otra: la certeza de seguir siendo, con fábrica o con empresa, los verdaderos depredadores.

Planta UPM-Kymmene, Fray Bentos, abril 2012



 

lunes, 17 de septiembre de 2012

La Caza


Manoel de Oliveira es un creador centenario de cine portugués. A sus 103 años, sigue empecinado en expresarse. Comparto con ustedes un cortometraje suyo del año 1964 llamado A Caça. Es una obra nada complaciente, muestra clara de un cine de autor.

El espacio es de un humilde pueblo portugués. Hay dos niños entrando en la adolescencia que hacen de las suyas. El retrato es fresco pero lleno de una belleza sombría y, por sobre todo, pesimista. En el momento en que logramos cierta identificación con los personajes, como sucede en Um film falado (2003) del mismo autor, parece que Oliveira desea hacernos sufrir. No obstante, el corte no parece tan abrupto, detrás del retrato pueblerino, anecdótico, se deja entrever la violencia.

Para los que no gustan del final tienen a continuación —aunque parezca broma— una versión “más optimista” del mismo, según se lo exigió la censura del momento.  


martes, 28 de agosto de 2012

Cuando las lámparas callan


f.web//


Cae la noche
y las lámparas han callado,
la luz ya no corre
en la carne cobre de los cables;
fatigados deben estar
de ser tránsito obligado
de nunca descansar.

La noche ha caído,
no hay luz eléctrica
salvo el rumor de una vela
que se derrama sobre esta página
que ansía ser llenada;
es un torneado faro
que devuelve la esperanza…

A lo lejos,
hondeando pasillos
se pierden en la noche los sonidos;
hay golpes de martillo
y hombres que hablan,
buscan
devolver la voz a las lámparas
el calor a las estufas
la estupidez a las pantallas;

quizá prosperen,
quizá en breve todo sea como antes…

La vela se gasta,
ella también el fin anuncia;
la vela elige morir sobre una página
esta página que ya no es blanca.