viernes, 30 de marzo de 2012

El riesgo de ser torito

El torito caminaba por la desolada playa. Me quedé mirándolo hasta que mis ojos dejaron de ser los únicos. Un perro negro, asumo que con dueño dado su collar, se fue acercando. Sentí algo de miedo, estaba allí solo y ese perro jadeante que estaba cada vez más cerca. No venía hacia mí sino hacia torito.




domingo, 25 de marzo de 2012

Entrevista / 2

Treinta años no es nada
Entrevista a  Jorge Bolani


f// Comedia Nacional
 
Sobre la calle Uruguay descansaba el viejo edificio, gran mole llena de ojos. Al entrar un amable portero me recibió y al escuchar el nombre me indicó cómo llegar. El ascensor también era antiguo, con rejas que dejan ver. Pronto arribé a un tercer piso gobernado por el silencio. Pasillos jugaban partida de laberinto. No sabía hacia dónde tomar cuando una voz se alzó sobre las paredes. La conocía pero… ¿sería acaso Alberto? ¿O quizá Herman? Posiblemente se tratase de Alfonso Fernández y Fernández. Me dirigí en dirección a esa voz hasta dar con la figura delgada y alta de Jorge Bolani. En su sonrisa entendí el artificio: me topaba con un actor, aquel que no teme de ser tantos hombres a la vez.

Pero estaba ante Jorge, el hombre real en un Montevideo que se palpa sobre esas paredes y que imagino detrás de las cortinas. Estaba ante Bolani, el protagonista de sus sesenta y siete años. Hombre sensible y amistoso que guarda en su ánima el oficio de buen anfitrión. Nos sentamos junto a su mesa y comenzamos una charla que se extendió bastante más de lo previsto. El disparador central fue Doña Ramona, obra de la cual fue actor en 1982 con una puesta de Jorge Curi de gran repercusión tanto nacional como internacional. Eran tiempos de dictadura y el pueblo encontraba en el teatro una forma de resistencia. El 2011, casi treinta años después, lo invitaba a retomar la leyenda, esta vez en el rol de director y bajo el impulso de la Comedia Nacional.

Doña Ramona es una obra de Víctor Manuel Leites basada en la nouvelle Doñarramona de José Pedro Bellán, publicada en 1918. Sobre estos textos, sobre la actual puesta en escena, la recepción del público y el trabajo actor-director, tratan las siguientes líneas de esta entrevista.

- ¿Cómo fue volver a Doña Ramona en otro rol y casi treinta años después?
En los últimos tiempos he empezado a compartir la labor de actor con la de director, e incluyo todo lo que es la tarea docente. Con respecto a Doña Ramona, cuando me la propuso el director artístico de la Comedia Nacional, yo ya había hecho una propuesta en un teatro independiente que finalmente no salió. Ferreira sabía que yo tenía esa obra bajo el brazo y me ofreció dirigirla en la Comedia. La idea me llenó de alegría y de sorpresa, pero también de gran responsabilidad. Después apareció esta cosa inherente -no sé si solo a los uruguayos- de las “odiosas comparaciones”, porque aquella versión dirigida por mi maestro Jorge Curi tuvo una repercusión enorme tanto en lo local como en lo internacional. Le permitió al Teatro Circular hacer muchos viajes acercando la obra a culturas diversas y en todas se la recibió maravillosamente. En alguno de los trabajos que Leites escribió, dice que no fue necesario retocar el lenguaje para presentarla ante públicos de otros países. Desde un punto de vista conceptual y ético está bien que así sea. En el teatro a veces tenemos la tendencia de que si vamos a otro país tenemos que retocar tal o cual palabra para que la puedan entender, y eso es muy opinable.

- ¿Y en cuanto a cambiarla de tiempo trayéndola al 2011?
Lo primero que me vino fue: ¿hago un aggiornamiento de la obra? Enseguida me dije que no, para mí es impensable hacer una Doña Ramona que transcurra en el 2011. Uno de los valores del texto es mostrar el conflicto en un momento del Uruguay tan particular, y cómo esas tensiones se reflejan adentro del comedor de una casa de familia burguesa con características particulares. El tema del aggiornamiento es algo muy especial. Yo he visto versiones de clásicos excelentes, otras que no me funcionaron para nada. Leites me parece un clásico de la literatura uruguaya, a pesar de que la obra hace tantos años que no se reestrena, quizá por esta cosa de “dejemos el mito ahí”, como puede estar pasando con El herrero y la muerte, con Salsipuedes, títulos que hoy pasan por una reconstrucción histórica, que no es el caso de Doña Ramona porque en estas reconstrucciones se trata de contar, en lo posible, con los elencos originales.

- ¿Cómo repercutió la obra en vos como actor?
La versión se extendió de 1982 a 1986 y nos marcó fuerte. A mí como actor me enriqueció mucho, me hizo crecer más allá de que alguien pueda creer -y es lícito- que tanto tiempo puede automatizar nuestro trabajo. Lo que ocurre es que la obra tiene tanta riqueza, tanta contradicción en sus personajes, que ello permite seguir enriqueciendo el trabajo del actor.

- ¿Hubo una versión previa de Doña Ramona en 1974, en el Galpón?
Sí, una versión que yo no vi, me pasó un poco desapercibida en ese momento, aunque yo siempre fui muy teatrero. Fue una puesta diferente, una especie de teatro musical, había muchas canciones, no cuento con ese texto pero seguramente algún “galponero” lo debe tener. Leites para 1981 retoca la obra en combinación con Jorge Curi quien finalmente es el director. El texto tenía otra impronta, agregó personajes, como el de la Sra. Lautier que es un poco la que trae a la casa información de lo que está pasando en ese Montevideo; a su vez, se le dio más extensión al personaje de la criada Magdalena. Se transformo en otra obra. Cuando la recibí como director, yo sabía que tenía un clásico hermoso entre mis manos, y habiendo tenido antes el rol de actor, significó un viaje emocional muy fuerte, a veces me venían esas imágenes…

- ¿Cómo fue armar el elenco?
Elegí el elenco dentro de la Comedia, pude contar afortunadamente con la mayoría de los actores con que yo quería contar de acuerdo a los perfiles que tengo sobre mis propios compañeros. Los directores siempre tenemos un elenco ideal, y creo que en eso fui afortunado. A mi me encanta la tarea de la dirección, me gusta mucho estar próximo al actor. Por mi formación, me interesa el trabajo que surge de él y lo que yo le puedo aportar, después lo otro lo vamos organizando a medida que nos vamos moviendo.

- ¿Cómo fue el proceso? ¿Se logró una conformidad con el producto?
Tuvimos un crecimiento muy lindo, dos meses y medio de ensayo. Apareció lo que yo les podía proponer, lo que ellos propusieron, y llegamos a una mixtura, hasta que uno concluye que el espectáculo puede quedar en manos de los actores.

- Como director, ¿consideras necesario ir todas las funciones?
A mi me gusta verla seguido, en casi todas las funciones, no tanto para ver el posible defecto, me interesa que el producto no se corra del centro al cual llegamos. Además veo el crecimiento, como los actores se van apoderando; uno cuando estrena lo hace con una máquina que funciona pero le falta el aceite. La veo correr muy fluidamente, de pronto uno puede apuntar cosas que comenta a los actores, pero ya el espectáculo es del elenco.

- ¿Siempre se pensó en la sala Zavala Muniz para presentarla?
Yo tuve como primera idea la Sala Verdi, por la propia arquitectura, los elementos históricos de su construcción, tiene las características como para albergar a la familia de los Fernández y Fernández. Después por una cuestión funcional vimos que podía ser en la Zavala Muniz. Es una bella sala desde lo funcional y lo moderno, pero a mí al principio me pareció un espacio frío. Hasta que llegó el escenográfo Osvaldo Reyno, un ícono en el teatro nacional, que rápidamente me sacó esa primera impresión un poco ingrata. Construyó una escenografía donde trajo la escena más hacia la platea, descartando a las laterales, esto logró más intimidad con el espectador, quien ingresa a ese salón comedor que siempre está presente. En los años 80 la llegamos a hacer íntegra en el Solís, creo que en un festival, la obra funciona e incluso se puede “lucir” más desde lo escenográfico, con los vitraux, la cristalería, los cortinados, los muebles pesados de la época. Pero prefiero la intimidad de puertas adentro, de personas oprimidas en algún aspecto…

- Y que de alguna forma el público pueda ingresar a esa casa por el ojo de la cerradura, como Alfonso miraba a Ramona…
Como le cuenta Alfonso a su hermana Amparo. Bellán lo relata maravillosamente bien en la novela.

- Allí no queda claro hasta dónde Ramona no sabía que estaba siendo espiada…
Creo que es una pregunta abierta. Lo conversamos con el elenco en su momento. Al principio me da la sensación de que ella puede no saberlo. Pero al ver cada pormenor de lo que hace, como se va desvistiendo, destendiendo la ropa de cama, como se va desprendiendo de ese moño… Ella sabe que es gustada por el hombre. Puede ser todo un ritual que en la novela se amplía, el hombre espía a la mujer pero a la vez es espiado por una de las hermanas, que no es cualquiera, es Concepción, la que tiene como característica una mayor sensualidad, mayor contacto con el erótico, todo sojuzgado puertas adentro.

- ¿Cómo se trabajó el tema de los objetos? ¿Se respetó la escenografía de 1982?
La escenografía tiene una similitud grande. Primero por el estatus, tenían una casa muy abigarrada de cosas. De pronto en el escenario de la Zavala no se percibe todo, habría que seguir caminando por la casa para ver todos los adornos religiosos, estatuas de santos, una cosa muy barroca, todo asfixia allí. En la elección de los muebles tiene que estar esa mesa central ovalada, como sugiriendo “este es nuestro lugar”, con todas esas sillas alrededor. De esto da cuenta Amparo cuando ejerce violencia doméstica sobre su hermana Dolores y dice “Somos de buena familia; y eso quiere decir, entre otras cosas, que somos inseparables de lo que tenemos. ¡Y está muy bien que así sea!”. No asumen perder sus objetos, y menos quedar por debajo de una sirvienta.

- Observé una modificación en la versión teatral de la carta de la tía Marina, donde se agregan otros datos que aparecen en el texto de Bellan pero no en la reescritura de Leites. ¿A qué se debió el cambio?
Eso fue un trabajo previo que hice yo al comenzar los ensayos. Yo tenía varias informaciones y trate de juntar algunas cosas, me pareció interesante que el espectador las escuchara. Leites no tuvo objeción con eso. Me pareció un dato interesante hablar del perfil de Ramona, un personaje complejo, que no tiene en la obra la extensión que tiene en la novela donde pasa por otras experiencias, la ida a la quinta por ejemplo. El dramaturgo tiene que hacer opciones, haciendo una traducción propia de donde poner los acentos. Si bien Ramona es protagonista, no es la clásica protagonista que se pone al hombro la obra, ella no actúa tanto, pero está en las escenas clave, en la parte religiosa, en la descompensación que ella empieza a sentir, en esa pulsión entre mujer y religiosa. En un mes tuvo cinco ataques y rompió una copa, una persona que sería incapaz de tener un accidente por la severidad respecto al orden y a la limpieza. Es un personaje muy interesante.

- ¿Estuviste tentado de hacer alguna modificación más estructural?
Estuve tentado de sacar a la hermana menor de la escena final, que quede en la puerta a punto de irse, y se podría ir pero ¿qué pasa? ¿Se puede ir? Realmente no puede. Desde lo escénico podría haberla sacado de la escena y que vuelva lentamente, pero tomamos una decisión parecida, yo tenia claro que esa mujer por lo menos debía mantener un gesto de rebeldía, es así que no se sienta a la mesa, las otras la miran como diciendo “vení a tu lugar, esta es tu silla” pero ella se mantiene. Es un dato demasiado sutil, pero se demuestra una pequeña fuga.

- ¿Sentís que ha cambiado el público en estos treinta años?
He constatado las reacciones del público en determinados momentos, por ejemplo, en la recepción actual con respecto a lo religioso. De pronto es un poco elemental la traducción, pero cuando Ramona habla de que está preocupada, le viene un primer acceso y se pone a rezar frente a la sirvienta. En esa escena la gente a veces se ríe, no siempre, pero esto no ocurría hace treinta años, donde se la escuchaba con respeto, atrás de eso se veía a un ser que sufre. Esto es duro para el actor, fue algo que no previmos. Uno se pregunta ¿qué pasa? ¿Hay una subestimación de lo religioso a partir de la procreación de tanta secta religiosa? A veces son especies de shows, en las radios, en los templos, que los hay cada vez más en Montevideo. No es que la risa allí me fastidie, pero me sorprende y me pongo en el lugar de la actriz que tiene que pasar por encima de eso. En el 82 ni pensábamos en una reacción así del público. 

- ¿Cómo se trabajó el personaje de Alfonso, siendo antes tu papel en la obra?
Alfonso es un hombre presumiblemente casto, sin demasiadas conexiones con las mujeres a pesar de ser hombre de sociedad, acostumbrado a tratar con los barraqueros pero que ante la pulsión de la carne no sabe cómo comportarse. Es maravillosa la escena de confesión con Amparo, cómo lo va envolviendo buscando evitar el desastre del casamiento. Es un personaje muy complejo. Yo recuerdo haberlo construido en otras zonas, porque al mismo tiempo es de una pomposidad ridícula, habla de las cosas que escucha en el club Uruguay, repite cosas que dicen otros. Él es el que grita, el que decide que se recobre el hábito del oratorio, da órdenes, pero es perceptible el hecho de que las hermanas lo manejan de alguna forma, sobre todo la mayor que es como una madre para ellos. A veces este hombre es un tierno corderito, nadie va a sospechar esa acción final dada por un cúmulo de cosas: el alcohol, la pulsión sexual, el camino libre que le dio la hermana; va a cegarse en una violencia que termina en el horror.

- Hay algo de malón indígena en su actitud…
Hay un trabajo donde se compara el cuerpo de Doña Ramona con el de Uruguay. Claro, estábamos en los finales de la dictadura. Ya se veía un momento de mucho más afloje, pero igual seguíamos en dictadura. Creo que la comparación puede ser atinada, el Uruguay tiene que recomponerse a través de todas esas cicatrices que le han quedado. Los que vivimos esa época sabemos que durante muchos años en este país quedamos con un reflejo condicionado. Me pasaba de estar en el 85, 86, con gente amiga salir a la calle, quedarnos en una esquina y de pronto pensar en que somos cuatro o cinco charlando de noche en la calle, era como un reflejo, no se podía hacer eso en dictadura, podía venir alguien a pedirte documento…
La sociedad sigue padeciendo de dobles discursos, hipocresías, represiones oscuras, acá no pasa nada pero están pasando cosas, ¿en cuántas familias puede estar sucediendo esto? Es un conflicto de trascendencia más universal. El poder ejercido desde las tinieblas, se observa desde diferentes campos de acción.

- Me pareció interesante el sonido dentro de la obra, en especial el final.
En la versión anterior el final en lo sonoro también era un momento fuerte, pero se trabajaba con otras texturas. El músico Miguel Marozzi había trabajado con el órgano, con texturas más de iglesia que funcionaban maravillosamente. Fernando Condon es otro creador, propuso otras cosas que también me parecen interesantes. El sonido tiene un crecimiento muy bueno. Es el mismo tema que aparece al inicio y se va transformando durante toda la obra y que va siendo intervenido a través de campanas; es un milongón, la obra comienza con una nota de piano que da cuenta de una melodía, después es la misma que se va transformando.

- Para finalizar, ¿cuánto creció Jorge Bolani en estos treinta años?
Uno como persona nota cambios fisiológicos, mentales, es difícil hacer una autoterapia. El teatro tiene una cosa maravillosa que es el hecho de hacerte crecer como ser humano, si es que lo tomas como lo tomamos nosotros que estamos toda una vida en esto. Siempre recuerdo, yo era muy niño, a un director español, al maestro José Estruch. Una vez le preguntaron qué era para él el teatro. Él no podía definirlo en pocas palabras, pero tras la insistencia dijo: “el teatro es una misión” y luego agregó “que irremediablemente hay que cumplir”. A mí realmente me quedó grabado eso, el teatro es una misión en la vida de cada uno que no se va más, si lo tomas para vos como lo he tomado yo y tantos, es una forma de ser, creces mucho a través de los autores, te invita a leer y a estudiar, a reflexionar críticamente sobre la realidad, te va madurando.

* Entrevista realizada en octubre de 2011 en el domicilio del actor.


lunes, 19 de marzo de 2012

Para dejar picando / 3

El carácter manipulador – cualquiera puede controlarlo en las fuentes relativas a esos líderes nazis, que están a disposición de todos- se distingue por su manía organizadora, por su absoluta incapacidad para tener experiencias humanas inmediatas, por un determinado tipo de falta de emoción, por un realismo exagerado. Quiere llevar adelante a cualquier precio una presunta, aunque ilusoria, política realista. Ni por un momento se imagina o desea el mundo de otro modo que como es (...)

Theodor W. Adorno
Conferencia “Educación después de Auschwitz”

lunes, 5 de marzo de 2012

Chile / 2

Valparaíso, cerca de Neruda


la noche es bella
desde este lugar
donde tres calles se cortejan
fecundando cinco esquinas
hay cables
                estrellas
gemido vehicular peinando
árboles
esos tristes enterrados
que sueñan con un puerto
aire bueno
el de Pablo allá en el cerro
semáforos
algo de afecto en el acento
sólido don Bosco
anima a dos jóvenes
y su gesto resulta eterno
multitud busca algo en este bar
sediento
lleno de dialectos
edificios de mudos televisores
un café en la noche
la noche que no tengo en Montevideo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Para dejar picando / 2

El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza
Eduardo Galeano (1940),
Días y noches de amor y de guerra (1978).

  Siempre fui de la idea de que es bueno conocer la cabeza del enemigo. La vida cotidiana de un represor puede ser parecida a la de uno. No hay una patología del sádico, como nos enseñaron ciertas películas norteamericanas. La cabeza de un represor es bastante parecida a la de un burócrata de escritorio, y eso lo hace más siniestro  
 Eduardo Pavlovsky (1933),
dramaturgo y psicoanalista argentino.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Chema Madoz

El fotógrafo español y sus objetos. Imágenes curiosas en blanco y negro, sutiles creaciones, excelsa picardía.







 

Chema en su estudio, entre los objetos y la luz //f.web

jueves, 16 de febrero de 2012

Hasta luego


Spinetta en el Teatro Solís (mayo de 2009)

Murió Spinetta. Me duele el verbo, pero más me duele saber que no habrá resurrecciones. Su cuerpo calló el pasado miércoles y desde entonces no he encontrado una forma cabal de sacar el dolor afuera. Es raro sentirse así por alguien a quien uno no conoce en persona. Quizá nuestra familia, nuestra novia, nuestros amigos no lo comprendan. Pero si hay una cosa segura es que algo punza y ante ello es difícil claudicar.

No se puede concentrar en pocas palabras el amor que profeso por la obra y por la persona de Spinetta. Un compañero, un guía, un padre que apareció desde la temprana adolescencia, inyectando luz desde su mágica poesía, desde su voz fina y dulce, desde una guitarra que podía contener las dulces notas de Plegaria para un niño dormido hasta la furia de Post-crucificción. Y mucho más, timbres abigarrados, eclecticismo al que nunca renunció. Porque, ante todo, Spinetta es un Artista, un ser que se interroga sobre el ser, sobre el universo, sobre esta extraña razón que nos dio piel en la inmensidad. Vaya maravilla, el artista llegó sin pedirlo y desde la condición más común y más honda, nos hizo vibrar durante más de cuarenta años a fuerza de talento y de mucho trabajo. Un mensaje dejó por siempre latiendo en esta tormenta, en esto que ya nunca será jardín de gente.

Spinetta encarna como ningún otro la combinación entre estética y ética. Un camino que siempre lo llevó en busca de cosas nuevas, sin demasiados prejuicios. Una vida centrada en la familia, en los amigos, alejada de los flashes y el vano desparpajado de las estrellitas de rock (además tercermundistas). Nunca le interesó, nunca se vendió (como hicieron otros, incluso geniales), por eso dolió tanto el manoseo que le hicieron en su último mes y medio de vida. Porque no lo merecía, porque la mierda periodística que se ufana de lo que llaman libertad de expresión dio a conocer una media verdad sobre algo que respetuosamente se venía callando. Porque de nada valía dar esa información, salvo para tirar una mercancía sensacionalista para navidad y así vender algo más, si es que a la gente todavía le quedaba algo por gastar.

El gran Spinetta, teniendo claro que su público lo ama (no precisamente los compradores del diario) respondió con la mayor altura. El digno hombre que se sabe cerca de la muerte fue breve y tajante, se mostró esperanzado o quizá nos engaño a todos, para no destruirnos. Meses antes, este hombre le había dicho a Cristina Bustamante, musa de Muchacha ojos de papel, de Blues de Cris, de Todas las hojas son del viento, algo que delata su lucidez: “Estoy preparado para esto, vengo preparándome toda la vida para este momento, yo ya dije todo lo que tenía que decir”.

Quedamos danzando en esto que no es jardín sino “collage de la depredación humana”. Se nos fue Luis, la gema del rock argentino al que el rótulo rock le queda demasiado chico. Los buitres siguen allí. Aunque se permitan el vuelo, son carroña en su árida montaña. Y consumen carroña y se dejan morder; perfuman su vuelo, pero el que sepa ver sabrá oler el pérfido hedor de sus entrañas resecas. Esos, los mezquinos, los avaros, los vendedores de madres, los innombrables que no merecen vivir en este lienzo, pero que tan bien podemos identificar.

Es una tristeza aguda, a veces dulce, una sensación de que hemos quedado huérfanos. Las palabras escasean, uno quisiera expresarlo todo, sacarlo y contemplar el latido afuera, pero la esterilidad gana. Los grandes artistas, al margen de la masividad y con una propuesta bien personal, logran vínculos más estrechos con la gente, forman un público casi de culto. Y ese amor se enhebra en diversas direcciones. Lejos del corazón rosado de las adolescentes, lejos del grito histérico, el verdadero degustador de una obra tan extensa, íntima y ecléctica, ama sinceramente al artista.

La música seguirá iluminando, como siempre, porque está hecha de esa madera que no horada el tiempo, porque pronto aprendió (vaya misterio) a rasgar las fibras más íntimas del ser. Porque así como está la aridez de los canallas también está el verde valle que un sembrador se encargo de fecundar con sus semillas. Y en esa geografía la posibilidad de elegir en qué vereda se quiere caminar.

Porque los que nos creemos buenos nos identificamos con la buena gente, esa que no necesita pisar al que tiene al lado para elevarse. Spinetta buscó volar por cuenta propia, planear sobre la gente de pie, esa misma de relojes pudriéndose en sus lentes. En ello hay un mensaje de vida, un aprender del movimiento. Deberemos alimentar el hambre de cambio para no morir aún estando vivos, porque es fácil encontrar muertos que todavía caminan. ¿De qué sirven cien años de vida si todavía no se ha vivido?

El miércoles estaba en Blancarena, a unos metros del Río de la Plata. Me llegó por mensaje de texto la mala nueva y me aplastó. Era por entonces un hombre esperanzado. Mis dedos temblaron al contestar el mensaje, apareció de la nada el jardinero a cortar el pasto y al instante la máquina comenzó a molestar. De seguro nada sabía de todo esto, y está bien, uno no da importancia a lo que no conoce. Decidí bajar a la playa. Oí que callaba, su carne apenas ondulaba, las nubes derramaban su plomo sobre las aguas. El gris dominaba en su mediación entre el blanco y el negro, pero eran muchas las tonalidades. Me quedé contemplando las aguas, la distancia de mi orilla hacia esa otra orilla imperceptible, arenas que llevaban hacia Luis. No tenía cómo llegar pero el alma puede ser el puente. Me acordé de Liliana Herrero, el único ser que conoce a Spinetta con el que tengo algún tipo de contacto. Y pensé…

Despide
despídelo
tú que cerca gravitas
tú que lo abrazaste
para ser voz
junto a su voz
un río ancho nos aleja
aunque las almas barcas sean
dile adiós
suma a tu mano mi mano
ese adiós
será siempre
un hasta luego.

La muerte de mi longevo abuelo me devolvió a Rosario, allí entendí que la familia, con defectos y virtudes, es materia sagrada. Junto a esa muerte vinieron nuevos sobrinos, mostrando las sutiles aristas de la vida. Me sumergí como hace años no hacía, en una vida más familiar, aunque con los necesarios momentos para las últimas obligaciones estudiantiles.

La muerte de Spinetta me devolvió a Montevideo, me tiró a ese espacio que hoy siento casi como un templo para su música, donde reposan -para sonar, cuando me anime a hacerlo- muchas de sus canciones. Cuando el jueves volví a entrar a mi cuarto comprendí que esos discos, esa foto en la pared, eran de alguien que ya no estaba entre nosotros, alguien cuyo cuerpo ya era literalmente polvo. El flaco se iba dejándonos su música, su ética, su amor por la vida. Se nos fue un disconforme, un rebelde, un poeta dulce que nos provocaba para que evitemos jugar para el enemigo, para que nos animemos a ser mejores personas, individuos en movimiento llevadas por las alas del amor y la paz más que por las de la codicia. Por suerte, una vez más, no solo fue discurso su prédica, siempre estuvo confirmada en los hechos. Lejos de la burda gloria, como un mortal más que conoce perfectamente su condición y quizá se sienta plenamente responsable, se apagó de a poco su vida. En el ritual sagrado de despedida, como le correspondía, estaban sus cuatro hijos, su sangre nueva en esta tierra, sus canciones resonando por siempre.




martes, 14 de febrero de 2012

Capitán Spinetta

Ilustración de Alex Dukal



No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la nieve, brillando.
Soy la luz del Sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado.
Cuando despiertas en la tranquila mañana, soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan, mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí.

Plegaria indígena

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jueves, 9 de febrero de 2012

A Luis

Hoy todas las guitarras están de luto
La mía, que tendría que haberse puesto a repasar zambas
sólo puede pensar en la tuya,
tal vez porque el barro
tal vez porque este balcón donde te vi
casi por última vez
mira una nube de la forma y el color
de esas eléctricas con las que soñábamos de chicos
Este balcón que se quedó esperando una charla
unas palabras o un abrazo
más
que ya no llegará
Luto también en las palabras
habituadas como estaban a que les pusieras
cascabeles
guirnaldas asonantes
o ruedas de tren apocalíptico
caleidoscópicos ojos del fertil papel
de tu prolífica pluma
que suma y resta sílabas
del metro patrón de las esferas
apenas solas
a solas penas
Adiós
que sea A-Dios
a sus brazos
a ese rincón de magia
que seguramente Él guardará
para los que se animan a jugar
con los bloques con los que ha construido el mundo
haciendo pequeños nuevos mundos de cuatro minutos
donde el corazón se muestra
y baila desafiando al vacío
Adiós
Mientras me duele el pecho
te imagino en viaje
por inmensidades más vastas que las del Capitán
pero a diferencia de él
sé que tendrás todos los tangos silbados al oído
y nunca faltará un mate
ni perfume a malvones
En todos nosotros se queda un pedacito tuyo
serás inspiración multiplicada por millares
a lo largo de los años
y lo ancho de las geografías
Cambiaste nuestras vidas
abriendole camino a la imaginación
cantándole salvaje o dulcemente
a los misterios que nos habitan
al misterio que somos
Adiós
No me resigno a tener que decirlo
Adiós
mensajero del infinito.

Pedro Aznar

miércoles, 1 de febrero de 2012

Para dejar picando / 1

Los excluidos, en cambio, no tienen ninguna posibilidad de desarrollar un proyecto, porque no los une nada más que su condición de excluidos. Es terrible, pero hay una expresión que revela esto de una manera muy trágica: ‘los excluidos molestan al sistema por su presencia, no por sus proyectos’. Los trabajadores tienen proyectos alternativos y la capacidad de organizarse a partir de su situación, de su ubicación en la sociedad. Los excluidos no, porque no hay nada que los una, no hay ninguna organización posible. Por eso la protesta del excluido es una protesta caótica: es la violencia, es la droga, es la marginalidad, es la desintegración. No es la protesta basada en la presentación de un proyecto alternativo de sociedad.

Juan Carlos Tedesco
Educador y pedagogo argentino

martes, 24 de enero de 2012

Chile / 1

El pasado octubre tuve la suerte de viajar a Chile. Cruzar las cordilleras en un vuelo nocturno que, para los no acostumbrados, goza de cierto impacto. Dos horas de viaje en la noche implican no tener suficiente conciencia de la transición, cuando uno quiere acordar se topa de bruces con una geografía y una cultura bastante diferentes. Las luces blancas de un aeropuerto vacío aguardan la llegada. El impacto del descender y de pisar nuevas tierras roban su aroma al vértigo, desautomatizan la rutina y son –al menos para mis ojos- una necesidad básica.
 
Fue un viaje nuevo en muchos aspectos. Se fue dando diferente a lo previsto y eso implicó replanificar en soledad. Bienvenida siempre será mi amiga fiel, carne de mi carne. Creí allí aquello de que una cosa es ser viajante y otra muy distinta ser turista. Intenté ser lo primero y elegí mis pasos, a lo cual, por suerte, estoy bastante acostumbrado.

Santiago de Chile, Valparaíso, Concepción y nuevamente Santiago fue la ruta.

La mayor parte de los días los pasé en Concepción, ciudad ubicada a unos 500 kms. al sur de Santiago de Chile.

La ciudad es interesante en muchos aspectos. Polo universitario en plena ebullición reivindicando la consolidación de una educación gratuita. Ciudad de alto riesgo sísmico, gente amable ya desde el acento, naturaleza envidiable, hermoso río Biobío de exóticos peces que se vendían -ya en su calidad de pescados- sobre mesas, junto al viejo mercado de la ciudad. El temor del viajante y del hombre solo, impidió que sacara fotografías de todo lo que en su momento me pareció destacable. No obstante, fieles o apócrifas, las guarda la memoria.

Comparto con ustedes una interesante demostración de talento. Sobre la vía pública, un hombre ejecuta un curioso instrumento. Se trata de una especie de bombo con platillos que toca a partir de dos tipos diferentes de palillos y de una cuerda a la altura de su pie que se dirige a los platillos. Al tiempo de tocar, baila. No lo capturé en la mejor pieza pero el presente video da igualmente muestras claras de su capacidad.

Los primeros segundos de la grabación son de "apronte". Si alguien conoce de qué se trata este instrumento espero su comentario. 




domingo, 8 de enero de 2012

Correr frente a ti

Ingresaré a él por aquello que le ha dado piel en esta inmensidad, por aquello que trasciende toda condición terrena. Me lanzaré sobre su fecundo universo artístico. En sus casi cuarenta discos son muchas las gemas musicales de Spinetta. Quiero compartir una de ellas.

Se trata de Correr frente a ti, canción que ubico en el año 1997. La elegí por varias razones: por su música, su letra, por el tema que toca (presumo que la incomunicación) y por contar con un bello videoclip, ideal para compartir por este medio.

Lo de presumir va muy a cuenta con Spinetta, ya que se trata de un músico-poeta que en ocasiones crea letras bastante herméticas. Con el tiempo y leyendo alguna entrevista, me he dado cuenta que muchas veces elige palabras por lo fónico, porque suenan bien, dejando en segundo plano su significado. Lo importante, y está bien que así sea, es que la melodía, la palabra cantada, suscite emoción en el creador y luego en el escucha.

Esta dificultad de entendimiento no parece ser el caso de Correr frente a ti, donde, si quedan dudas, es el propio videoclip el que ayuda a confirmar la interpretación referida, aunque, naturalmente, cada uno será libre de encontrar la suya.

El video posee una estética en blanco y negro y abundan en él los objetos, cuyo valor simbólico daría para un extenso ensayo. La incomunicación se representa a través de la relación entre un hijo y su madre. El primero se ingenia de todas las maneras posibles para conmover a esa figura estática, ensimismada de la madre. Parece imposible lograrlo hasta que finalmente cede. Este momento se representa a partir del ingreso de un ave que abre su majestuoso porte sobre la mesa donde la madre apoya sus manos muertas, su gesto aterrador de estar en cuerpo allí pero en otra parte su alma. 

La imagen recurrente, símbolo máximo de la música y del arte, es la del trovador cantando frente a una pared. El muro es obstáculo pero el canto es más y lo va horadando. La canción, la prédica, trasciende la frontera, y es allí el momento de escuchar y escucharse, de quitar trabas, de comunicarse. La música, una vez más, rompe barreras, quiebra cadenas. 






miércoles, 4 de enero de 2012

Cosa de lagartos


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No nos preocupamos por si era macho o hembra. Lo llamábamos, simplemente, lagarto. Más precisamente, el lagarto del fondo de la playa. Caer en la fácil del Juancho nunca nos pintó. Este personaje nos deleitaba las tardes de calor cuando, muy manso, salía de su cueva y dejaba que lo alimentáramos. 

Un día no lo vimos más. Con algo de pena, pensamos que se podía haber ido aunque no hallamos razones para ello. Justo él que había logrado caerle simpático a mi abuelo, hombre de campo especialista en eliminarlos (estábamos en la playa y ya no había gallinas que cuidar). Otra posibilidad era que algún vecino de esos que vienen en temporada, al verlo surcando las arenas sintió horror y osó matarlo, jactándose del logro, no vaya a ser que se coma a la nena.

Pronto descubrimos que su partida nos había dejado mucho. Pequeños cuerpitos se asomaban a la cueva y al menor ruido corrían miedosos. Ya estaban aprendiendo a desconfiar.

He tratado de informarme si el abandono se trata de un hecho natural. No he podido comprobarlo, pero es a los ojos humanos un destino muy triste. Se asoman a la cueva como esperando el regreso de su madre o de su mamá-papá, dado que, como sí comprobé, algunas especies son bisexuales.

Como no permitían que los observara de cerca, decidí grabarlos. Sobre un ladrillo, junto a la cueva, puse la cámara y apreté REC. Al minuto de irme las seis crías comenzaron a salir suavemente, levantando su pequeña cabeza de reptil.

Desde entonces no supe más de ellos. El verano, quizá, permita el reencuentro. 
   


viernes, 30 de diciembre de 2011

Luz para Luis

luz
para el hombre de luz
no vale la mancha
matando la magia
ahora siento
que fuiste padre
sin saberlo
juro
que seguirás siéndolo
has marcado el camino
te he seguido
porque pronto te vi digno
pradera de imágenes
aliento dulce
amor
sabes que vibro
sabes que muero
no vale la mancha
matando la magia
luz
más que nunca luz
para el hombre de luz